CELEBREMOS LA VIDA !!

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sábado 18 de octubre de 2008

¿ Que pasó con mi vida ?


Son las 3 de la mañana y estoy sentada frente al monitor, mis manos resbalan sobre el teclado apenas sin guiarlas. En estos momentos me pregunto que pasó con mi vida, a dónde fue a parar toda aquella pasión, aquella alegría que vibraba en mí todo el tiempo, aquella felicidad que me estremecía por el solo goce de vivir, la fascinación que ejercía sobre mí el más pequeño detalle a mi alrededor, una flor, una gota de rocío, las luces navideñas. Siempre pensé que los seres humanos estamos dotados de una gran capacidad de asombro y eso es lo que nos mantiene vivos.

Hoy noto que he dejado atrás aquella infinita capacidad de asombro y me he quedado huérfana de ilusiones, mi eterna adicción a la vida ha quedado atras y me duele ver cómo se malgasta esta inmensa acumulación de amor, esta necesidad de amar y ser amada, esta desbordante pasión lista para incendiar las noches con alguien que alimente mis deseos, es una sensación tan fuerte, que con frecuencia siento que mi pecho va a estallar. Hay momentos en que temo que mi corazón se paralice antes del próximo latido y se pierdan tantos besos y caricias, cuando hay tanta gente necesitando amor.

He amado con devoción y entrega, he practicado el perdón todos y cada uno de los días, he perdonado humillaciones, agresiones y mentiras, dejando a un lado mi propio orgullo, todo en nombre de mi gran amor. Y esto es lo que recojo al final después de tanta dedicación. Ya no existe contacto visual, ni verbal, ni carnal, simplemente no existe contacto, se perdió toda comunicacion... se perdió todo.

Cada noche me acuesto junto a un desconocido y la grieta entre los dos es tan grande que me asusta pensar que al voltearme en la cama pueda caer en un abismo, y aunque el deseo no cesa de estremecer mi cuerpo, sólo me envuelve la frialdad de la noche, y no puedo entender como dejé pasar mi vida, esperando que el se convirtiera en el hombre que yo soñaba, ahora comprendo que eso nunca sucedió por una razón muy simple, él nunca fue el hombre que yo quise creer que era y el tiempo se deslizó mientras yo esperaba que el limonero me diera uvas.

Yo quería un hombre que velara por mí, que me hiciera sentir cuán importante era para él, que me prefiriera a cualquier otra cosa en el mundo, como él siempre estuvo para mí antes que el resto del universo, incluso antes de mí misma.

Quería un hombre que me admirara, que se enorgulleciera de mí y lo gritara al mundo. Que me viera eternamente hermosa, porque sabria valorar el ser trascendente y esencial que habita bajo mi piel.

Que escuchara mis comentarios y valorara mis consejos aunque no los siguiera. Que me acompañara a galerías, teatros, fiestas, reuniones de amigos o cualquier oportunidad en que pudiera demostrarme que disfrutaba compartiendo conmigo, aunque a veces nuestros gustos o intereses no coincidieran.

Nunca exigí joyas, perfumes, ni bienes materiales de ningun tipo, pero hubiera sido inmensamente feliz si tan solo hubiera demostrado un mínimo de avidez por leer lo que escribo y me hubiese animado a seguir.

Sé que he desperdiciado mi vida, la dejé deslizarse en silencio, sin hacer nada por salvarla y ahora es demasiado tarde, cada minuto que pasó ya no regresa y a estas alturas del camino no puedo recuperar el tiempo que perdi.

No culpo a nadie, yo soy la única responsable de mi dolorosa pérdida, me engañé a mí misma durante tantos años, debí tomar acción desde la primera muestra de desinterés, incomunicación, irrespeto o desamor, pero seguí esperando por el milagro y aquí estoy en la línea descendente de la vida, sin saber como seguir adelante ahora que estoy convencida de que el milagro nunca llegará.


Miriam D.
Octubre 18,2008

sábado 2 de agosto de 2008

La Correspondencia


Virgilio recogió la correspondencia en el buzón a la entrada del jardín. Mientras caminaba desde el buzón hasta la puerta de la casa, pensaba en que ya había vivido más de medio siglo y le quedaban un montón de cosas por hacer y un sinnúmero de lugares que siempre había querido conocer. Había pasado los últimos treinta años de su vida haciendo exactamente lo mismo semana tras semana, trabajando diez horas diarias, sin una distracción, sin tomarse nunca un tiempo para su disfrute personal. Sólo trabajaba sin descanso, pero las deudas aumentaban y el salario permanecía igual. Sentía que la vida se le iba irremediablemente entre las manos y quería hacer algo diferente antes de que fuera demasiado tarde.

Rompió un sobre, el primero de la correspondencia que acababa de recoger. Era el reporte mensual del banco, la cantidad total en su cuenta eran 720 dólares, no se le ocurría nada que pudiera hacer con ese dinero. Abrió el siguiente sobre, era la cuenta de la electricidad; el próximo era la del teléfono celular; había otro de la compañía de renta de su apartamento avisándole que ya era hora de pagar los 600 dólares mensuales; le seguía una carta de la oficina médica, ya conocía el contenido, así que la dejó para otra ocasión; luego una propaganda de un seguro automovilístico y la última era una postal multicolor que le invitaba con brillantes letras doradas “Prueba tu fortuna en Las Vegas”.

Lo que veía en aquella fotografía era tentador, habría que ser de piedra para no sentirse atraído por aquellas imágenes de lujo y glamour, además siempre había soñado viajar a Las Vegas, aquella oferta le llegaba en el momento más indicado.

Sin perder tiempo, se sentó ante la computadora y escribió la dirección de internet que aparecía en la postal, oprimió “buscar” e inmediatamente el sistema lo trasladó a una página donde le pedían un código, escribió el código de la oferta que había recibido y apareció el precio total de su viaje, con estadía de una semana en el hotel Caesar’s Palace, serían 420 dólares, le quedarían disponibles 300 dólares. Sólo necesitó medio segundo para decidirse. Hizo la reservación en línea, en dos días volaría a Las Vegas, se daría ese gustazo, aunque fuera lo último que hiciera en esta vida.

Las Vegas era el paraíso terrenal, todo lo que había imaginado era mediocre, pálido e insignificante, comparado con la fastuosa realidad. La majestuosidad del hotel, la lujosa habitación, la maravillosa vista de la ciudad desde su ventana, todo sobrepasaba con creces a lo que había vislumbrado en sus más ambiciosos sueños.


Durante una semana viviría a plenitud, disfrutaría al máximo cada instante y se sentiría el hombre más afortunado del universo, aunque sólo se tratara de un piadoso autoengaño, después de eso estaría preparado para enfrentar cualquier cosa.

En la mañana bajó a dar un paseo por todas las instalaciones del hotel, el área de la piscina era impresionante, estaba rodeada de gruesas columnas y había diversas construcciones de estilo clásico griego y hasta una réplica del Partenón decoraba el espacio. Las chicas se broceaban en las sillas alrededor de la piscina, en tangas tan diminutas, que dejaban al descubierto sus más secretas intimidades.

Más tarde fue al Café Lago Restaurant, le encantó el ambiente de aquel lugar, después de disfrutar de un delicioso almuerzo, se dirigió al Casino.
Nunca había estado en un casino, ni siquiera sabía jugar. Así que optó por pararse junto a la ruleta y dedicarse a observar a los que jugaban. Había todo tipo de jugadores: los novatos, que jugaban por primera vez; los ocasionales, que iban sólo durante las vacaciones, una o dos veces al año y los jugadores consumados, esos que han dedicado toda su vida al juego, a estos últimos se les notaba la experiencia en la mirada, en la forma de conducirse y en cada uno de sus ademanes. Virgilio se concentró particularmente en ellos, no les perdía ni un solo detalle, permaneció allí cerca de dos horas.


Finalmente se llenó de valor y se aproximó a la mesa, colocó un montón de fichas al número 21, tenía la impresión de que ese número le daría suerte, muchos acontecimientos de su vida estaban relacionados con ese número: había nacido un día 21 de marzo, había conocido al amor de su vida un día 21 de noviembre, había comenzado en su trabajo un día 21 de septiembre.

Todos terminaron de poner sus fichas y el dealer dio vuelta a la ruleta. Los segundos que demoró la ruleta en detenerse, le parecieron siglos. Finalmente se detuvo, y sorprendentemente el número ganador fue el 21.


Pasado el susto inicial y habiendo salido tan bien ese primer intento, siguió jugando durante toda la noche. A medida que pasaban las horas se convencía de cuán cierto era aquel refrán “afortunado en el juego, desgraciado en amores”, o simplemente aquella era su noche de suerte, lo cierto fue que cuando dieron las 3 de la mañana, su fortuna llegaba a los 300,000 dólares. En condiciones normales se hubiera retirado en ese momento, pero las condiciones de su vida estaban muy lejos de ser normales, a esas alturas del juego, no tenía nada que perder, así que continuó pegado a aquella mesa y tentando a la suerte durante el resto de la madrugada.

A las 7 de la mañana su capital había alcanzado el millón de dólares y a pesar de que sólo había tomado un par de tragos, apenas podía mantenerse en pie, pues el sueño lo aguijoneaba fuertemente, así que se retiró a dormir.

A la mañana siguiente fue cuando verdaderamente tomó conciencia de lo sucedido en el casino la noche anterior y una rara mezcla de sentimientos comenzó a bullir en su interior. Debía estar dando saltos de alegría, pero su felicidad no era completa, si es que alguna felicidad lo es. ¿De qué le serviría aquel millón de dólares? Sabía que ni así reuniera todo el oro del mundo podría comprar lo que él necesitaba. Se asomó a la terraza de la habitación, sintió la brisa matinal acariciando su rostro, recordó la mirada cálida del amor de su vida y con esa imagen en su mente, se lanzó al vacío.

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Un mes después, la compañía de renta del condominio Brisas del Mar, tras haber esperado un tiempo prudencial y en vistas de que nadie se presentaba a recoger las pertenencias del inquilino del 451, que se había suicidado en Las Vegas, decidió enviar a alguien a vaciar el inmueble, limpiarlo y prepararlo para su próxima renta.
La mujer que enviaron a realizar la limpieza del apartamento, encontró un grupo de cartas sobre la mesa del comedor, una de ellas permanecía cerrada, curiosa como era, no pudo reprimir el impulso de abrir el sobre, en la carta firmada por el Dr. Ladislao Añorga, se leía en letra de imprenta:

“ Señor Virgilio González,

Por este medio le confirmamos que el resultado de su examen
de VIH es: POSITIVO ”

domingo 27 de julio de 2008

El Presente

Puso el revolver encima del escritorio y lo vació. Sentado, meditativo, fingiendo empeño estuvo haciendo caer el percutor hasta que empezó a declinar la sosegada tarde de invierno. Una y otra vez el dedo en el gatillo y él agazapado en el centro del silencio endurecido que lamían perros, gatos, las bocinas lejanas balanceadas sobre el río….

No supo cuánto tiempo había transcurrido, sólo tenía conciencia del péndulo ondulante del reloj que se mecía en una danza rítmica e interminable. La oscuridad cerró su cerco, rodeando el escritorio. No quería dormir, pero los párpados le pesaban toneladas, comenzaban a cerrarse y no podía evitarlo….

Una serie de imágenes comenzaron a llegar a su mente en forma de flashes, envueltas en ese velo engañoso que nos hace confundir la realidad con la fantasía.


Se vio a sí mismo entrando en un café. Iba de regreso a la casa y una llovizna inesperada lo había obligado a guarecerse. Ya en el interior del lugar, un rugido en el estómago le recordó que no había comido.


Buscó una mesa e inmediatamente apareció una chica rubia con faldita corta y delantal. Le ordenó un bocadillo y un chocolate caliente, mientras observaba sus piernas perfectamente torneadas.


Ella se alejó apresuradamente y él la siguió con la vista, aquella silueta era un colirio para sus ojos. Cuando se perdió tras el mostrador, él dirigió su mirada hacia la calle a través de la ventana.
El panorama era entretenido. El café quedaba exactamente enfrente del teatro Abanico, había estado allí un par de veces. El podía ver cómo la gente se aglomeraba en los portales, algunos esperaban que amainara la lluvia, otros que comenzara la función.


La chica regresó contoneando su atractiva figura curvilínea, colocó frente a él un emparedado de queso y una taza humeante de chocolate. El aroma dulce lo cautivó y bebió un sorbo -error fatal- el hirviente líquido le quemó la lengua y la garganta. El ardor era insoportable. Hizo señas a la chica para que le alcanzara un vaso con agua y ella no se hizo esperar. Bebió con desesperación y sintió un refrescante alivio.


En ese preciso instante, escuchó la bocina de un auto y dirigió nuevamente su mirada a la calle…. Entonces la vio. La mujer que estaba en el portal del teatro, ataviada con su inconfundible sweter marrón y su pelo rojizo recogido, dejando ver su hermosa nuca, era Elena. Pero cómo era posible? Se suponía que estaba de viaje. El mismo la había dejado en la mañana a la entrada del aeropuerto, ella le había dicho que aquel viaje era un fastidio, pero que debía visitar a un cliente en Massachussets, que volvería el viernes.


El cerró los ojos por un instante, intentando aclarar su vista y volvió a mirar. Elena todavía estaba allí y ahora junto a ella, un hombre alto, de rostro anguloso, sostenía su mano.
Aquello era lo último que podía esperar. No podía creer que ella hubiera actuado con tanto cinismo, se había burlado de él.


Se puso en pie, de un salto, sacó un billete y lo dejó sobre la mesa, junto a la cena, prácticamente intacta. Salió a la calle, dispuesto a enfrentarla, cara a cara, pero no pudo. Echó a correr. Corrió durante mucho tiempo… minutos? Horas? Para cuando llegó a su casa, estaba totalmente empapado de lágrimas y lluvia.


Después se vio en la casa, habían transcurrido tres días y ella estaba por llegar. El sabía que había una sola cosa que podía hacer y estaba decidido. Escuchó el motor de un carro que se acercaba. Con nerviosismo introdujo una por una las balas en el cañón de la pistola, se puso en pie y se acercó a la puerta. Allí se quedó protegido por la densa oscuridad y un silencio de muerte.
La puerta se abrió y sin perder un segundo, él descargó hasta la última bala sobre la figura que estaba de pie en el umbral. Se escuchó un gemido y un cuerpo desplomándose. Entonces él corrió junto a ella.


Al ver que se desangraba, comprendió que había perdido a la única mujer que amó en su vida. La tomó en sus brazos y con desesperación comenzó a besar su rostro, mientras el dolor como un cuchillo punzante, le carcomía las entrañas. Y en ese instante, quiso morir junto a ella… o sólo despertar y que todo fuera un simple sueño…

Lentamente abrió los ojos, la luz de la mañana inundaba la habitación y se percató de que había dormido toda la noche sentado en aquella incómoda silla de escritorio, sentía todo el cuerpo adolorido. No recordaba lo que había soñado, pero tenía la extraña sensación de que se trataba de alguna terrible pesadilla. Un revólver y un grupo de balas permanecían frente a él, sobre el escritorio, donde las había dejado antes de que el sueño le venciera.




Entonces recordó que era viernes y que debía ir a recoger a Elena que regresaba de Massachussets, se sentía feliz porque la vería pronto, la amaba con toda su alma y si un día le faltara, querría morir, además sabía que para ella siempre era un fastidio tener que viajar, odiaba los aviones y aborrecía separarse de él.

Por eso le había preparado una sorpresa, un presente muy especial, algo que ella deseaba desde hacía mucho tiempo.... Le había comprado aquel revólver. Sabía que nada la relajaba tanto como ir juntos a las prácticas de tiro.

jueves 3 de enero de 2008

Ternura


Si alguien me preguntara el significado de la palabra "ternura", bastaría con mostrar esta imagen...

Para mí no hay mejor definición. No les parece?

martes 1 de enero de 2008

La Otra


Celia tenía 37 años cuando la conocí. Era extremadamente delgada, de pequeña estatura, exenta de curvas, rostro anguloso, nariz aguileña, barbilla afilada, distaba mucho de ser atractiva, era el tipo de mujer a la que nadie voltearía a mirar en la calle. Si tuviera que utilizar una frase para describirla físicamente, diría "que no era nada del otro mundo".

Sin embargo, me atrevería a decir que la belleza y la gracia que escaseaban en su aspecto exterior, le sobraban interiormente; si algo la caracterizaba era su serenidad, su dulzura, su trato cordial y aquella paz que emanaba de su espíritu. Siempre estaba lista para apoyar a alguien que lo necesitara.
No pudiera decir que fuera ocurrente o simpática, o una de esas personas que siempre son el centro en una reunión de amigos, pero en el orden intelectual era brillante, era ingeniera química y desde hacía cinco años ocupaba la posición de Jefa del Departamento Técnico en la planta de procesamiento de gas donde tenía 45 personas bajo su mando.

Estaba casada pero jamas mencionaba a su esposo, lo ignoraba tanto que a veces daba la impresión de que aquel ser cumplía la muda e inmóvil función del resto de los muebles del apartamento donde vivían. Jamás supe su nombre, supongo que tenía uno, pero si le preguntabas por el esposo, ella nunca decía "Juan tiene gripe" o "Pepe está con fiebre", se limitaba a contestar secamente "El está bien".
En cambio, hablaba constantemente de su hijo Sergio, era su orgullo y su mejor compañero. Le había costado mucho trabajo concebirlo, ya que algunos médicos le dijeron que había una condición en su sistema reproductor que le impediría salir embarazada, sin embargo, ella de alguna manera, burló a la ciencia y concibió el bebé.

Los médicos no querían creerlo hasta que su estado se hizo tan evidente que tuvieron que aceptarlo y entonces trataron de disimular su error diciendo que se trataba de un milagro y no sabían cuánta verdad encerraban aquellas palabras, ciertamente aquel niño fue un verdadero milagro en la vida de esta mujer.

Celia tenía una pasión que la consumía interiormente, estaba perdida, desenfrenada e irremediablemente enamorada de Pablo, un ingeniero que era seis o siete años menor que ella, muy bien parecido y carismático, con unos ojos muy claros y elocuentes.

No era un amor platónico, habían sido amantes por más de un año, lo cual resultaba sorprendente, tratándose de Celia, porque no había nada en ella que diera esa imagen, ya saben, generalmente relacionamos a "la amante", con una mujer atractiva, provocativa, sensual. Celia no era nada de eso.

Sólo una persona conocía aquel secreto, Verónica, otra ingeniera que trabajaba en nuestro Departamento, era su mejor amiga desde la Universidad y se conocían al detalle.

Debo decir que yo fui admitida inmediatamente en aquel selecto círculo, la verdad es que siempre he tenido vocación de confidente, tengo mucha facilidad para ganarme la confianza de los que me rodean. Así que apenas llevaba un mes trabajando en la fábrica cuando un día Celia en medio de sollozos, me contó su delicada situación.

Un par de meses después, ella se llenó de valor y le confesó toda la verdad al esposo, estaba harta de mentir, no tenía ninguna inclinación a la infidelidad, simplemente, la vida le había jugado una mala pasada y se había fijado en alguien fuera del matrimonio, pero no era una mujer infiel, era sólo una mujer loca de amor y muy fiel, sí, muy fiel a sus sentimientos que es lo que realmente importa, o no?

Yo temí mucho por ella. Los hombres latinos, por lo general son muy machistas, en especial los cubanos. En aquella época, en Cuba, cuando un hombre se enteraba de que la mujer lo había engañado, podía tener una reacción totalmente impredecible y casi siempre agresiva. En la mayoría de los casos, un hombre engañado podía ser extremadamente peligroso.
Pero él no hizo nada de eso, se limitó a recoger sus pertenencias en silencio y desapareció de la casa. La verdad, siempre me pareció extraña esa actitud, no era lo normal, pero admiré profundamente a aquel hombre sin nombre, recuerdo que a menudo pensaba en eso y me resultaba increíble que hubiera actuado de esa manera tan civilizada, pero realmente fue así.

Celia había elegido dedicar su vida a Pablo y nadie se lo iba a impedir, ni siquiera su marido, así que a partir de ese momento empezó a desplegar todas las artes que tenemos las mujeres, para que su hombre se sintiera feliz junto a ella y la siguiera en la decisión que ella tan valientemente había tomado, o sea, que hiciera lo que se esperaba de él, dadas las circunstancias, abandonarlo todo por aquel amor.

Pero eso no ocurrió, por el contrario, al poco tiempo supimos que la esposa de Pablo estaba embarazada, él le dijo a Celia que no era el momento apropiado, porque tenía que estar junto a su mujer durante el embarazo.

Cuando nació el niño, tampoco era el momento ideal, él no sería uno más de aquellos padres que se limitan a pasarle una manutención mensual a su hijo, (el tan famoso "child support" en Estados Unidos), él estaría junto a su hijo para educarlo y verlo crecer.
Dos años después vino la hembrita y recomenzó la historia. Por una u otra razón, Pablo nunca abandonó a su mujer, siempre supo encontrar la excusa precisa para continuar junto a ella. No sabría decir si en verdad la amaba o si solamente era por comodidad, simplemente siguió en su casa, leyendo su periódico y mirando su televisor, mientras pasaba la vida.
Durante muchos años no supe nada de Celia, recientemente tuve noticias de ella, sigue sola con su hijo y continúa siendo "la amante" de Pablo.

Cuando la recuerdo, pienso en todo lo que ella sacrificó por amor, sin recibir nada a cambio, lanzó toda su vida por un barranco. No la critico, ella fue consecuente consigo misma, no hay nada censurable en su actitud, prefirió guiarse por su corazón y no por las apariencias o los dictámenes sociales, esa fue su decisión y se la respeto. Pero es triste que un ser tan valioso haya puesto su vida en manos de alguien que nunca la mereció.

Su soledad no ha sido tan abrumadora, gracias a su hijo Sergio, que fue el mejor regalo que recibió en su vida, el que nunca la abandonó y siempre ha sido su mejor amigo y fiel compañero, rodeándola de cariño y atenciones.

Pero como mujer, ella se mantuvo siempre en un segundo plano, siendo sólo "la otra", la siempre oculta, la nunca reconocida, la que duerme todas las noches en una cama fría y enorme, la que pasa sola todas las Navidades y los Años Nuevos, mientras él está con su familia.
Estoy convencida de que Pablo nunca la amó, simplemente adoptó la actitud más cómoda...se dejó querer.

domingo 30 de diciembre de 2007

Angie y Santa Claus

Santa Claus fue muy generoso con Angie este año, el trineo venía tan sobrecargado, que casi se vuelca al doblar en nuestra calle, el pobre panzón colorado no podía con todos aquellos regalos y tuvo que hacer varias paradas para tomar aire, porque apenas podía respirar.
Al fin llegó el momento esperado y ella comenzó el ritual de despedazar envoltorios, arrancaba papeles y tiraba las brillantes moñas, movida por la curiosidad de saber qué contenía cada una de las cajas que se amontonaban alrededor del arbolito.
Abrió una por una todas las cajas y en cada una su carita se iluminaba más que en la anterior, bailaba, daba griticos y saltos de alegría, mientras todo aquel universo de regalos aparecía ante su inocente mirada.
Lo primero que vio fue la sillita aterciopelada con la imagen de Dora The Explorer, su personaje favorito, la sillita es perfecta para sentarse a jugar o a ver la televisión, se sentó y parece haberla encontrado muy cómoda, porque allí se quedó como una reinita en su trono.
De uno de aquellos envoltorios surgió Uniqua, el personaje color rosa de los Backyardigans, ataviado con su traje de pirata, que llegó cantando todo su repertorio. De otra caja apareció una casita completamente amueblada y habitada por una familia de muñequitos plásticos, y un carrito rojo en el garage.
Después de rasgar un papel decorado con una multitud de arbolitos navideños, pudo ver con alegría una mesita de jugar con luces y música; un poco más tarde, al destripar la mayor de las cajas, apareció el triciclo o biwheel, lleno de sonidos y colores.
Hubo también ropas, tennis y zapatos por montones, lo cual también disfrutó al máximo, porque es una pequeña muy presumida.
Y por último había dos preciosos bebés, un varoncito y una niña, el primero lo trajo Santa a casa de "mima" (que soy yo), y la segunda, la dejó por adelantado en casa de las primitas de Jacksonville, pero lo enviaron con tiempo para que estuviera junto con los demás regalos el día de Navidad.
Cada año sacan al mercado bebés más asombrosos, sus expresiones faciales y sonidos son una copia cada vez más perfecta de las de un bebé real, que verdaderamente logran comunicar mucha ternura.
Quizás por eso, o porque siempre me gustaron mucho los bebés y las muñecas en general, tomé al bebé varón en mis brazos, lo alimenté con el biberón y luego le puse el tete para calmar su llanto, lo puse contra mi pecho y comencé a apapacharlo, dándole suaves palmaditas en la espalda, mientras le cantaba una nana.
Angie no había perdido un detalle de la escena y en un arranque repentino, se colocó su tete en la boca y corrió a mis brazos para recibir ella también parte de la ternura que yo estaba prodigando al bebé, ésa ternura tan especial, que sólo se encuentra en los brazos de abuelita y que ella sabe que su "mima" siempre está dispuesta a ofrecerle.
Ese instante valió por todas las carreras que tuvo que dar Santa Claus para llenar de felicidad ese pequeño corazoncito.

lunes 10 de diciembre de 2007

Oa pato...oa piz

Salgo corriendo de la oficina y me voy a recoger a mi princesa Angie a su Day Care, siempre acudo a nuestra cita tan ansiosa como si fuera una cita de amor, esa personita ha traído tanta alegría a mi vida, que siempre me produce gran ilusión pasar unas horas con ella. Creo que las dos disfrutamos mucho juntas. Lo sé por la mirada que me regala cuando me ve llegar.

Angie es una belleza de ojos grandes y carita redonda, que aún no tiene dos años, los cumple en enero. Cuando me ve aparecer en el Day Care, viene corriendo hacia mí, me echa los bracitos al cuello y me saluda con unas tiernas palmaditas en la espalda y en ese momento, ya no importa cuán difícil haya sido mi día, ni el cansancio o los problemas personales acumulados, cuando mi niña sonríe, es como si el sol se abriera paso entre las nubes oscuras, disipando la tormenta.

Nunca pensé que un ser tan pequeñito e inocente pudiera influir tanto en mi mundo, pero Angie ha llegado a cambiarlo todo, con sus colores y su música, sus ojos de asombro, su mirada ávida y su oído presto a cada nuevo sonido. Ahora anda estrenando su voz, aprendiendo una nueva palabra día a día.

Siempre la cuido lunes y viernes después de mi trabajo, pues esos dos días mi hijo y la esposa trabajan hasta muy tarde. Hace algunos meses, cuando apenas comenzaba a balbucear, la recogí un viernes y la traje para la casa, yo le había comprado algunos animalitos de goma para jugar en la bañera, eran tres patos y tres peces, y ella me señalaba cada uno para que yo le dijera su nombre.

Según ella apuntaba con su dedito, yo le iba diciendo: "pato", "pez", "pato", "pez"... y volvía "pato", "pez" y así sucesivamente. Pero ella en ningún momento repitió ninguno de los nombres, sólo me miraba con mucho interés y ponía toda su atención en el movimiento de mis labios y en escuchar cada sonido, como si de ello dependiera su vida y no quisiera perderse un detalle. Después la saqué del agua y le puse su pijama para que estuviera lista cuando sus padres la recogieran.

Durante el fin de semana no la vi. El lunes la traje de nuevo a mi casa y por supuesto, yo ya había olvidado el tema de los patos y los peces. Cuando llegó la hora del baño, comencé a sacar los animalitos y ponerlos en el borde de la bañera y entonces ella empezó a mover la manito en señal de saludo mientras decía:

"Oa pato"... "oa piz"... "oa pato"... "oa piz". Ella había aprendido perfectamente la lección y estaba saludando a sus muñequitos de goma diciéndoles en su idioma "hola pato", "hola pez".

Estoy segura que nunca voy a olvidar su vocesita balbuceando aquellas palabras, es una de las cosas más graciosas que escuchado en mi vida.

Ultimos libros leídos

  • A orillas del río Piedra... - Paulo Coelho
  • A través del tiempo - Brian Weiss
  • El Alquimista - Paulo Coelho
  • El color no cae del cielo - Mario Barros
  • El Código Da Vinci - Dan Brown
  • El Regalo del Tiempo - Jorge Ramos
  • I have lived before - Sture Lonnerstrand
  • Las cinco personas que encontrarás en el cielo - Mitch Albom
  • Once Minutos - Paulo Coelho
  • Poemas del Mar Oscuro - Juan Andreu (Poeta Invertebrado)
  • The Secret - Rhonda Byrne
  • Voces que dictan - Eugenio Angulo

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