miércoles, 18 de febrero de 2015

Final

Supo que era el final

Pero no hizo nada

Para evitarlo

Se limitó a mirar la lluvia

A través del cristal

Hasta que finalmente

Dejó de llover.

Historia Inconclusa



La vida se escapa de prisa

por cada uno de mis poros

Cada nuevo día que vivo

es a la vez uno que muero

pero ya no temo el final

porque sé que no existen

finales absolutos.

Habrá otro despertar

donde estarás presente

y será un nuevo tiempo

de errores y castigos

de culpas y perdones

de amores y de sueños.

Vendrás a mí

vistiendo nuevo cuerpo

y rostro ajeno

Serás hombre o mujer

alto o pequeña

rubio o morena

pero te encontraré

porque traerás contigo

la luz inconfundible

de tus ojos

Y en ese punto de partida

tú y yo retomaremos

nuestra historia inconclusa

mas nunca escribiremos

el capítulo final

para tener otro comienzo

en cada nuevo despertar.

Imaginación

De repente siento que se aglutinan en mi mente y en mi cuerpo, todas las sensaciones y escenas vividas en las últimas semanas… ¿dije vividas? pero, en realidad no sé si lo lo viví o si sólo sucedió en mi subconsciente.

Desde niña jugaba a inventar historias, en muchas de las cuales, yo era la protagonista. Siempre sospeché que algún día mi fecunda e impredecible imaginación, me tendería una trampa.

Tus palabras decían todo lo que yo quise escuchar a lo largo de mi vida, hasta aquellos detalles que sólo yo sabía, que sólo yo esperaba, que nunca comenté con nadie… ahora lo entiendo todo… yo creé tus palabras.

Tus caricias, hechas de esa aleación perfecta de ternura y deseo, constituían el sueño de toda mujer… yo creé tus caricias. Tu piel era la seda que mis manos anhelaban recorrer desde mis más antiguos sueños… era la superficie ideal para mi tacto… yo creé tu piel.

Dónde estaban todos? Cómo entender que nunca la mirada inquietante de algún curioso se deslizara en nuestro escondite, como si un poderoso velo nos cubriera de todo y de todos… Nadie nos miraba, nadie nos veía, no existía nadie alrededor… No había testigos porque nuestros encuentros sólo existieron en mi mente.

Era demasiado hermoso para ser real… Ahora sé que no lo fue, jamás existió un reencuentro… yo me lo inventé con esta imaginación tan fecunda e impredecible que finalmente, tal como lo sospechaba, me hizo caer en una trampa.

Miruchi

martes, 17 de febrero de 2015

Eternidad

Amor es necesidad constante de tu piel, búsqueda de tu calor bajo las sábanas, dejar mi corazón entre tus manos con todo el riesgo que eso representa. Constante entrega, aceptación total, perdón sin límites.

Pero la fe me ofrece paz. En tiempos futuros, en una ciudad cualquiera, se encontrarán dos "extraños" y hablarán un idioma desconocido, pero ella reconocerá en el fondo de aquellos ojos la luz que un día iluminó sus mañanas y adivinará a su eterno amor bajo aquella piel inexplorada, como lo ha percibido tantas veces bajo infinidad de epidermis. Y estaremos de nuevo frente a frente, como ha sido siempre desde el inicio de los tiempos.

Y así continuará el teatro interminable de la vida, escenarios transformados, argumentos renovados, pero debajo de cada nueva túnica, interpretando cada personaje, los actores seguirán siendo los mismos que fueron una y otra vez y así cada nuevo encuentro será un punto de partida para una nueva vida juntos.

Sea en el desierto, en la montaña, en otra galaxia, sin importar la raza o el sexo, nuestras almas se unirán e iniciarán el mismo rito y jugarán el juego eterno del amor inmortal.


Miruchi

viernes, 10 de diciembre de 2010

La Otra

Celia tenía 37 años cuando la conocí. Era extremadamente delgada, de pequeña estatura, pocas curvas, rostro anguloso, no era precisamente una mujer llamativa y quizás nadie se voltearía a mirarla en la calle. Sin embargo, me atrevería a decir que la belleza y la gracia que no brillaban en su aspecto exterior, le sobraban interiormente; si algo la caracterizaba era su serenidad, su trato cordial y aquella paz que emanaba de su espíritu. Siempre estaba lista para apoyar a quien lo necesitara.

No era de esas personas que siempre son el centro en una reunión de amigos, pero en el orden intelectual era brillante, era ingeniera química y desde hacía cinco años ocupaba la posición de Jefa del Departamento Técnico en la planta de procesamiento de gas donde tenía 45 personas bajo su mando.

Estaba casada pero no hablaba de su esposo, a veces daba la impresión de que aquel hombre cumplía la muda e inmóvil función del resto de los muebles del apartamento donde vivían. Jamás supe su nombre, supongo que tenía uno, pero si le preguntabas por el esposo, ella nunca decía "Juan tiene gripe" o "Pepe está con fiebre", se limitaba a contestar secamente "El está bien".En cambio, hablaba constantemente de su hijo Sergio, era su orgullo y su mejor compañero. Le había costado mucho trabajo concebirlo, ya que algunos médicos le dijeron que había una condición en su sistema reproductor que le impediría salir embarazada, sin embargo, ella de alguna manera, burló a la ciencia y concibió el bebé.

Los médicos no querían creerlo hasta que su estado se hizo tan evidente que tuvieron que aceptarlo y entonces trataron de disimular su error diciendo que se trataba de un milagro y no sabían cuánta verdad encerraban aquellas palabras, ciertamente aquel niño fue un verdadero milagro en la vida de esta mujer.

Celia tenía una pasión que la consumía interiormente, estaba perdida, desenfrenada e irremediablemente enamorada de Pablo, un ingeniero que era algunos años menor que ella, muy bien parecido y carismático, con unos ojos muy claros y elocuentes.

No era un amor platónico, habían sido amantes por más de un año, lo cual resultaba sorprendente, tratándose de Celia, porque no había nada en ella que diera esa imagen, ya saben, generalmente relacionamos a "la amante", con una mujer atrevida, provocativa, sensual. Celia no era así.

Sólo una persona conocía aquel secreto, Verónica, otra ingeniera que trabajaba en nuestro Departamento, era su mejor amiga desde la Universidad y se conocían al detalle.

Debo decir que yo fui admitida inmediatamente en aquel selecto círculo, la verdad es que siempre he tenido vocación de confidente, tengo mucha facilidad para ganarme la confianza de los que me rodean. Así que apenas llevaba un mes trabajando en la fábrica cuando un día Celia me confió su delicada situación.

Un par de meses después, ella se llenó de valor y le confesó toda la verdad al esposo, estaba harta de mentir, no tenía ninguna inclinación a la infidelidad, simplemente la vida le había jugado una mala pasada y se había fijado en alguien fuera del matrimonio, pero no era una mujer infiel, era sólo una mujer loca de amor y muy fiel, sí, muy fiel a sus sentimientos que es lo que realmente importa, o no?

Yo temí mucho por ella. Los hombres latinos, por lo general son muy machistas, en especial los cubanos. En aquella época, en Cuba, cuando un hombre se enteraba de que la mujer lo había engañado, podía tener una reacción totalmente impredecible y casi siempre agresiva. En la mayoría de los casos, un hombre engañado podía ser extremadamente peligroso.

Pero él no hizo nada de eso, se limitó a recoger sus pertenencias en silencio y desapareció de la casa. La verdad, siempre me pareció extraña esa actitud, no era lo normal, pero admiré profundamente a aquel hombre sin nombre, recuerdo que a menudo pensaba en eso y me resultaba increíble que hubiera actuado de esa manera tan civilizada, pero realmente fue así.

Celia había elegido dedicar su vida a Pablo y nadie se lo iba a impedir, ni siquiera su marido, así que a partir de ese momento empezó a desplegar todas las artes que tenemos las mujeres, para que su hombre se sintiera feliz junto a ella y la siguiera en la decisión que ella tan valientemente había tomado, o sea, que hiciera lo que se esperaba de él, dadas las circunstancias, abandonarlo todo por aquel amor.

Pero eso no ocurrió, por el contrario, al poco tiempo supimos que la esposa de Pablo estaba embarazada, él le dijo a Celia que no era el momento apropiado, porque tenía que estar junto a su mujer durante el embarazo.

Cuando nació el niño, tampoco era el momento ideal, él no sería uno más de aquellos padres que se limitan a pasarle una manutención a su hijo, (el tan famoso "child support" en Estados Unidos), él estaría junto a su hijo para educarlo y verlo crecer.

Dos años después vino la hembrita y recomenzó la misma historia. Por una u otra razón, Pablo nunca abandonó a su mujer, siempre supo encontrar la excusa precisa para continuar junto a ella. No sabría decir si en verdad la amaba o si solamente era por comodidad, simplemente siguió en su casa, leyendo su periódico y mirando su televisor, mientras pasaba la vida.

Durante muchos años no supe nada de Celia, recientemente tuve noticias de ella, sigue sola con su hijo y continúa siendo "la amante" de Pablo.

Cuando la recuerdo, pienso en todo lo que ella sacrificó por amor, sin recibir nada a cambio, lanzó toda su vida por un barranco. No la critico, ella fue consecuente consigo misma, no hay nada censurable en su actitud, prefirió guiarse por su corazón y no por las apariencias o los dictámenes sociales, esa fue su decisión y se la respeto. Pero es triste que un ser tan valioso haya puesto su vida en manos de alguien que nunca la mereció.

Su soledad no ha sido tan abrumadora, gracias a su hijo Sergio, que fue el mejor regalo que recibió en su vida, el que nunca la abandonó y siempre ha sido su mejor amigo y fiel compañero, rodeándola de cariño y atenciones.

Pero como mujer, ella se mantuvo siempre en un segundo plano, siendo sólo "la otra", la siempre oculta, la nunca reconocida, la que duerme todas las noches en una cama fría y enorme, la que pasa sola todas las Navidades y los Años Nuevos, mientras él está con su familia.

Estoy convencida de que Pablo nunca la amó, simplemente adoptó la actitud más cómoda...se dejó querer.




Miriam De La Vega
Enero 1, 2008

domingo, 24 de enero de 2010

Mi primera vez



Hace algunos meses encontré un anuncio que me resultó interesante, se trataba de un concurso, los organizadores recibirían historias de todas partes del mundo, de las cuales 100 serían seleccionadas y publicadas en una Antología.

Hace años que no participaba en un concurso literario, pero la idea me entusiasmó, así que busqué entre mis relatos cortos y decidí enviar cinco de ellos. Pasaron varios meses y francamente me olvidé del asunto.

Hace varios días, exactamente el 12 de enero, día del cumpleaños de mi princesita Angie, recibí un email que me anunciaba que algunas de mis historias habían sido seleccionadas a incluidas en la Antología.

No se imaginan mi emoción al recibir esta noticia, no lo podía creer. Desde niña sentí pasión por escribir y siempre soñé con publicar alguna de mis piezas literarias. Quienes no han estado en esta situación, no podrán entender lo que se siente. Por eso hoy quiero compartir con ustedes la felicidad de "mi primera vez". Sí, es la primera vez que me publican algo y aunque se trata de un libro compartido, una compilación de historias escritas por autores de diferentes lugares del mundo, el solo hecho de que hayan incluído cuatro de mis relatos en esta antología, es para mí un orgullo y me produce una gran satisfacción.

Tengo en las manos lo que para mí es un tesoro, el libro titulado "100 + Historias Reales" y algo me dice que acabo de romper el hielo y que este es sólo el inicio de mi verdadera carrera literaria, dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.


Miriam De La Vega
Enero 22, 2010

sábado, 2 de agosto de 2008

La Correspondencia


Virgilio recogió la correspondencia en el buzón a la entrada del jardín. Mientras caminaba desde el buzón hasta la puerta de la casa, pensaba en que ya había vivido más de medio siglo y le quedaban un montón de cosas por hacer y un sinnúmero de lugares que siempre había querido conocer. Había pasado los últimos treinta años de su vida haciendo exactamente lo mismo semana tras semana, trabajando diez horas diarias, sin una distracción, sin tomarse nunca un tiempo para su disfrute personal. Sólo trabajaba sin descanso, pero las deudas aumentaban y el salario permanecía igual. Sentía que la vida se le iba irremediablemente entre las manos y quería hacer algo diferente antes de que fuera demasiado tarde.

Rompió un sobre, el primero de la correspondencia que acababa de recoger. Era el reporte mensual del banco, la cantidad total en su cuenta eran 720 dólares, no se le ocurría nada que pudiera hacer con ese dinero. Abrió el siguiente sobre, era la cuenta de la electricidad; el próximo era la del teléfono celular; había otro de la compañía de renta de su apartamento avisándole que ya era hora de pagar los 600 dólares mensuales; le seguía una carta de la oficina médica, ya conocía el contenido, así que la dejó para otra ocasión; luego una propaganda de un seguro automovilístico y la última era una postal multicolor que le invitaba con brillantes letras doradas “Prueba tu fortuna en Las Vegas”.

Lo que veía en aquella fotografía era tentador, habría que ser de piedra para no sentirse atraído por aquellas imágenes de lujo y glamour, además siempre había soñado viajar a Las Vegas, aquella oferta le llegaba en el momento más indicado.

Sin perder tiempo, se sentó ante la computadora y escribió la dirección de internet que aparecía en la postal, oprimió “buscar” e inmediatamente el sistema lo trasladó a una página donde le pedían un código, escribió el código de la oferta que había recibido y apareció el precio total de su viaje, con estadía de una semana en el hotel Caesar’s Palace, serían 420 dólares, le quedarían disponibles 300 dólares. Sólo necesitó medio segundo para decidirse. Hizo la reservación en línea, en dos días volaría a Las Vegas, se daría ese gustazo, aunque fuera lo último que hiciera en esta vida.
Las Vegas era el paraíso terrenal, todo lo que había imaginado era mediocre, pálido e insignificante, comparado con la fastuosa realidad. La majestuosidad del hotel, la lujosa habitación, la maravillosa vista de la ciudad desde su ventana, todo sobrepasaba con creces a lo que había vislumbrado en sus más ambiciosos sueños.

Durante una semana viviría a plenitud, disfrutaría al máximo cada instante y se sentiría el hombre más afortunado del universo, aunque sólo se tratara de un piadoso autoengaño, después de eso estaría preparado para enfrentar cualquier cosa.

En la mañana bajó a dar un paseo por todas las instalaciones del hotel, el área de la piscina era impresionante, estaba rodeada de gruesas columnas y había diversas construcciones de estilo clásico griego y hasta una réplica del Partenón decoraba el espacio. Las chicas se broceaban en las sillas alrededor de la piscina, en tangas tan diminutas, que dejaban al descubierto sus más secretas intimidades.

Más tarde fue al Café Lago Restaurant, le encantó el ambiente de aquel lugar, después de disfrutar de un delicioso almuerzo, se dirigió al Casino.
Nunca había estado en un casino, ni siquiera sabía jugar. Así que optó por pararse junto a la ruleta y dedicarse a observar a los que jugaban. Había todo tipo de jugadores: los novatos, que jugaban por primera vez; los ocasionales, que iban sólo durante las vacaciones, una o dos veces al año y los jugadores consumados, esos que han dedicado toda su vida al juego, a estos últimos se les notaba la experiencia en la mirada, en la forma de conducirse y en cada uno de sus ademanes. Virgilio se concentró particularmente en ellos, no les perdía ni un solo detalle, permaneció allí cerca de dos horas.


Finalmente se llenó de valor y se aproximó a la mesa, colocó un montón de fichas al número 21, tenía la impresión de que ese número le daría suerte, muchos acontecimientos de su vida estaban relacionados con ese número: había nacido un día 21 de marzo, había conocido al amor de su vida un día 21 de noviembre, había comenzado en su trabajo un día 21 de septiembre.
Todos terminaron de poner sus fichas y el dealer dio vuelta a la ruleta. Los segundos que demoró la ruleta en detenerse, le parecieron siglos. Finalmente se detuvo, y sorprendentemente el número ganador fue el 21.

Pasado el susto inicial y habiendo salido tan bien ese primer intento, siguió jugando durante toda la noche. A medida que pasaban las horas se convencía de cuán cierto era aquel refrán “afortunado en el juego, desgraciado en amores”, o simplemente aquella era su noche de suerte, lo cierto fue que cuando dieron las 3 de la mañana, su fortuna llegaba a los 300,000 dólares. En condiciones normales se hubiera retirado en ese momento, pero las condiciones de su vida estaban muy lejos de ser normales, a esas alturas del juego, no tenía nada que perder, así que continuó pegado a aquella mesa y tentando a la suerte durante el resto de la madrugada.

A las 7 de la mañana su capital había alcanzado el millón de dólares y a pesar de que sólo había tomado un par de tragos, apenas podía mantenerse en pie, pues el sueño lo aguijoneaba fuertemente, así que se retiró a dormir.

A la mañana siguiente fue cuando verdaderamente tomó conciencia de lo sucedido en el casino la noche anterior y una rara mezcla de sentimientos comenzó a bullir en su interior. Debía estar dando saltos de alegría, pero su felicidad no era completa, si es que alguna felicidad lo es. ¿De qué le serviría aquel millón de dólares? Sabía que ni así reuniera todo el oro del mundo podría comprar lo que él necesitaba. Se asomó a la terraza de la habitación, sintió la brisa matinal acariciando su rostro, recordó la mirada cálida del amor de su vida y con esa imagen en su mente, se lanzó al vacío.

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Un mes después, la compañía de renta del condominio Brisas del Mar, tras haber esperado un tiempo prudencial y en vistas de que nadie se presentaba a recoger las pertenencias del inquilino del 451, que se había suicidado en Las Vegas, decidió enviar a alguien a vaciar el inmueble, limpiarlo y prepararlo para su próxima renta.
La mujer que enviaron a realizar la limpieza del apartamento, encontró un grupo de cartas sobre la mesa del comedor, una de ellas permanecía cerrada, curiosa como era, no pudo reprimir el impulso de abrir el sobre, en la carta firmada por el Dr. Ladislao Añorga, se leía en letra de imprenta:

“ Señor Virgilio González,

Por este medio le confirmamos que el resultado de su examen
de VIH es: POSITIVO ”

CELEBREMOS LA VIDA !!

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