A menudo cuando me siento ante el teclado de la computadora, viene a mi mente el recuerdo de Minita. Vivía junto a nuestra casa en Santos Suárez, un barrio de La Habana, donde transcurrieron los años más felices de mi infancia y juventud.
Minita era una de esas escasas vecinas, que en vez de pasar el día detrás de las persianas, espiando la vida de los vecinos, pasaba el tiempo buscando la manera de hacer algo útil.
En su juventud había tenido una academia de mecanografía en su ciudad natal, en el interior de la isla, allí había enseñado mecanografía y taquigrafía a decenas de personas, durante muchos años. Se casó, tuvo dos hijos y un día a su esposo se le presentó una magnífica oportunidad de trabajo en la capital y decidieron vender la academia y mudarse a La Habana.
Yo tenía apenas 10 años cuando la conocí, para entonces ya ella era abuela, habían trnscurrido muchos años desde la venta de su academia, de cualquier manera, en aquella época ya no se podían tener negocios particulares, todo estaba controlado por el estado. Pero Minita amaba su profesión y extrañaba sus tiempos de profesora de mecanografía.
Desde el principio, ella me ofreció sus servicios como profesora, conservaba un par de máquinas Remington sobrevivientes de su antigua academia y estaba segura de que podría convertirme en una mecánografa con todas las de la ley. Yo nunca le puse mucho interés a su oferta y fue pasando el tiempo. Terminé mis estudios primarios y ella siempre continuó reiterándome que cuando yo lo decidiera, ella estaría dispuesta a darme clases de mecanografía.
Me encontraba cursando los estudios secundarios, estaba decidida a hacer una carrera universitaria y convertirme en una profesional, por lo cual nunca creí importante estudiar mecanografía, pero era tanta la insistencia de Minita, que finalmente accedí a recibir sus clases, más por hacerla sentir bien a ella, que por mi propio interés.
Nunca quiso cobrar ni un centavo, sin embargo, me enseñó todos los secretos que debe conocer una mecanógrafa, no escatimó su tiempo y sus esfuerzos para darme una excelente instrucción en ese oficio. Por mi parte, yo puse todo mi interés en captar sus enseñanzas y llegué a convertirme en una excelente mecanógrafa, sí, de aquellas que usando todos los dedos y sin mirar el teclado lograban una velocidad inusitada. De veras que todos se quedaban asombrados cuando me veían en plena labor frente a una máquina de escribir.
Los años pasaron, terminé mis estudios universitarios y alcancé mi título de Licenciada, pude ocupar una plaza de profesora en la Escuela Nacional de Instructores de Arte y me sentí plenamente realizada como profesional. Después me casé y tuvimos nuestro primer hijo. Mi felicidad era completa, tenía todo lo que había deseado, no aspiraba a más, pero ese sentimiento de satisfacción duró muy poco tiempo.
Cuando mi bebé tenía apenas tres meses, sucedió lo que en Cuba y en el mundo se conoce como el "éxodo del Mariel". Muchas personas que residían en los Estados Unidos tomaron sus embarcaciones y se dirigieron a Cuba para tratar de llevarse a sus familiares de la isla. Entre aquellos miles de personas que llegaron a las costas, se encontraban los tíos de mi esposo que querían sacarnos del país.
Mi esposo y yo estábamos ajenos a este hecho, sin embargo, de alguna manera, la noticia llegó antes a la escuela donde yo trabajaba como profesora y recibí una llamada telefónica a mi casa, los dirigentes de la escuela me avisaban que tenían información de que íbamos a abandonar el país y por ese motivo me consideraban traidora a la Patria, así que desde aquel momento yo estaba expulsada deshonrosamente de mi trabajo. También me informaron que ya estaban en camino dos ómnibus llenos de alumnos y profesores del plantel que me iban a hacer un "acto de repudio".
En pocos minutos descendieron de los ómnibus las hordas enardecidas de odio, todos armados con palos, dispuestos a desbaratar todo a su paso. Rompían las ventanas, golpeaban las puertas, rallaban las paredes, subían a la azotea, pintaban letreros en todas las fachadas de la casa, tiraban huevos, en resumen, hicieron todo tipo de destrozos, sin detenerse a pensar que en nuestra casa había un bebé recién nacido que gritaba aterrado por los ruidos que hacían los salvajes usurpadores que rodeaban la casa.
Cuando ellos se fueron, la casa quedó devastada, como nuestras ilusiones. Yo había sido expulsada de mi trabajo por oposición política y eso en Cuba representaba que no podría ejercer mi profesión por el resto de mi vida.
Cuando nos presentamos en la oficina de inmigración, no nos autorizaron a salir del país, porque mi esposo tenía edad militar, así que tendríamos que seguir viviendo en Cuba, pero yo no podía ni siquiera soñar en volver a ejercer mi título de Licenciada en Historia del Arte, nunca más podría trabajar en una escuela, ni en un museo, ni en una biblioteca, o en un centro investigativo. Mi vida profesional estaba acabada.
Comencé a buscar trabajo, después de varios meses dando tumbos, me avisaron que había una plaza vacante en una fábrica de gas. Cuando llegué al lugar, el Jefe de Recursos Humanos me dijo:
- Lo único que tenemos disponible es una plaza de Secretaria de Calificación ''A" y eso requiere una gran destreza en mecanografía?
Sin pensarlo dos veces, le contesté:
- Estoy lista para hacer la prueba.
Me condujo a una oficina donde la Secretaria Ejecutiva de la empresa me esperaba para someterme a una prueba de destreza.
Me senté frente a la máquina, introduje el papel, giré el rodillo y coloqué mis manos sobre el teclado. Sólo escribí dos líneas, fue suficiente. Inmediatamente escuché a la Secretaria Ejecutiva decirle al Jefe:
- No cabe duda, está calificada para la posición.
En ese momento pensé en Minita y mis ojos se humedecieron. Gracias a lo que aprendí con ella pude ganarme la vida durante los quince años que tuve que esperar para poder salir del país. Nunca pude agradecerle personalmente lo que había hecho por mí, porque lamentablemente la buena señora ya se nos había ido.
Por eso hoy quise dedicarle estas líneas como un sencillo homenaje y una manera de hacerle saber donde quiera que esté, cuán importante fue su bondad, su esfuerzo desinteresado y su dedicación para mí y para mi familia.
El mundo sería sin duda un lugar mejor si existieran muchas Minitas.



5 comentarios:
Caramba Miruchi: A pesar de haberte leido casi a diario, no era consciente de tu "estatus" de refugiada política. Supongo, que estarás ahorita en Miami, ¿no?
Tu relato de hoy me ha impresionado de veras, y una vez más me convenzo a mí mismo, de que hice bien en dejar de pensar en las "pamplinadas" socialistas/comunistas que me interesaban de joven.
Admiraba al Che y al Comandante, pero esa admiración se ha esfumado con los años y con las noticias y los relatos que oigo y leo de Cuba.
Tienes toda la razón: con personas como Minita, nos iría a todos mucho mejor.
Mi mas sincera admiración y respeto para ti.
Un beso y un abrazo a tu esposo...
Pablete,muy lindo tu comentario. Generalmente evito tocar este ángulo de mi vida,porque sé que el tema propicia múltiples opiniones y en ocasiones puede herir sensibilidades. Muchas personas,principalmente en Europa,desconocen la situación real que ha sufrido mi país durante medio siglo y que actualmente se está repitiendo en Venezuela. Sé que algunos por desconocimiento,otros por idealismo,sustentan posiciones radicalmente opuestas a la mía. Pero,yo defiendo la libertad de opinión y de expresión y por eso puedo entender todos los puntos de vista, incluso mi padre, que fue una de las personas más importantes para mí, dedicó su vida entera al socialismo y estoy convencida de que sufrió mucho en sus últimos años, cuando finalmente se dio cuenta de que la realidad existente en Cuba no se asemejaba en lo absoluto al ideal por el que había luchado.
Un abrazo y un millón de gracias por leerme.
Miruchi, no sé si habrás deducido de mis escritos, que me he criado en Alemania, y durante 22 años he "vivido" la situación en la "enemiga" República Democrática... El trato a los "Fugitivos del Sistema" aparecía casi a diario en la TV de la República Federal (la buena jijiji). Un trato vejatorio solo por tener ideas propias y no estar de acuerdo con el sistema socialista.
Ya desde España he visitado dos veces la RDA y no podía creer los que veia con mis propios ojos....los "avances" del colectivo, las grandes hazañas del socialismo....TODO MENTIRA....la gente iba por la calle con las orejas agachadas, nadie se atrevía a decir nada.....la juventud estaba ya hastiada de todo...sin futuro, sin esperanza...
Sé que en tu amada Cuba, ocurre exactamente lo mismo y aunque no soy creyente, rezo para que cambie esa situación que tanto os hace sufrir a los exiliados y a los que siguen en la isla.... Esperemos que a la muerte del Comandante todo cambie a mejor, aunque me temo que el "hermanísimo" no va a dejar que cambie nada...
Un beso....y no sigo por que se me "calienta" la boca y no paro....
Pablete, agradezco mucho tus palabras, a través de ella he percibido una oleada de comprensión y simpatía hacia mi pueblo y nuestras vicisitudes. Es gratificante saber que no todas las personas que viven del otro lado del océano ignoran o están mal informados con respecto a nuestra situación. Ya veo que estamos identificados en el punto de vista ideológico. Eso que dices del futuro de la juventud, aunque suena terrible, es muy real, los jóvenes en mi país no tienen aspiraciones, sencillamente para ellos no hay futuro. Muchos estudian, se hacen médicos o ingenieros y terminan manejando un taxi o trabajando en un hotel, porque sólo así pueden conseguir dólares y vivir un poquito mejor que el resto.
Otro abrazo, pero este mucho más fuerte y fraternal, un abrazo de agradecimiento por tu apoyo a nuestra causa.
Que bonito, casi lloro
mercedes
Publicar un comentario